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El encanto de una válvula de escape

Sácalo, sácalo, antes que nos lleve el diablo, amorEstuve en el estadio Azteca. Fuí testigo del renacer de la esperanza de los seguidores del América y su reencuentro con la sensación de triunfo, la alegría de poder gritar goles, corear los “oooles” de las jugadas, protestar los errores arbitrales con autoridad, y entonar cánticos con fuerza, con ardor, y con entusiasmo.

Hace poco las águilas se remontaron de las cenizas a lo que para muchos fué el milagro inesperado de un nuevo “maracanazo” (que vale sentirlo como el original.. aunque no haya sido la selección Uruguaya). Así parecen haberse contentado con su fiel y noble afición que llenó el Coloso de Santa Ursula para apoyar y celebrar la victoria contra el Santos de Brasil, y vino por fin la oportunidad de poder explotar toda esa energía contenida, y todas las frustraciones, tristezas, humillaciones y desencantos que más allá del fútbol, se entremezclaban seguramente con los sinsabores del trabajo, las dificultades para sacar a la familia, o con muchos otros desencuentros cotidianos.

Qué enorme oportunidad nos ofrecen deportes como el fútbol. Qué importante es poder tener un pretexto para poder abrir esa válvula que nos permite vivir al máximo emociones que por cultura, por educación o por temperamento no nos atrevemos a sentir en público y menos explotar en su máxima expresión.

Las expresiones que varían en matices desde la ternura y el amor, hasta el odio, y sus demostraciones gestuales o verbales más inverosímiles, pueden en 90 minutos ser vertidas sin ningún miramiento pudor o temor.

Más efectivo que una hora con el psiquiatra, una discusión airada con la pareja o una pelea de box con el jefe.

El objetivo final es el reencuentro con la paz interior, como resultado de haber subido la secreción de endorfinas, elevado la adrenalina y haber acelerado todas las actividades del corazón, pulmones, electricidad de la piel glándulas sudoríparas, que necesitaban el estímulo final para probarlas y entrenarlas, o simplemente para poder orientarlas al balón y no al vecino. Más práctico, menos peligroso y mucho más saludable.

Una necesidad muy real.

El consumidor, el ciudadano, el ser humano que nos ocupa tantas veces en nuestros objetivos de negocio, hoy en día está ávido de estímulos y experiencias multisensoriales que logren apartarlo de experiencias negativas, estresantes o desagradables, y que le permitan echar para fuera sus efectos.

Constantemente los estudios nos reportan, en México, como se necesita tomar distancia del encono que el entorno político y global le está ofreciendo y que lo mantiene inmerso en una nueva polarización ideológica que ahora con pretextos como la reforma energética se exacerba, pero también con la confusión ante la nueva forma de salud, la necesidad de que alcance el gasto, o la incertidumbre de no saber como educar a sus niños cada vez más globalizados, informados, independientes e irreverentes.

Marcas y estímulos “válvula”

Hay que estar atentos. El mexicano de a pié, pero también el de coche de último modelo, necesita comerciales más innovadores, promociones más entretenidas y novedosas, conceptos en fin, más originales y más intensos que le ofrezcan la posibilidad de retornar a su equilibrio. Quiere facilitadores que le ayuden a explotar y expresar emociones. Quiere un lubricante que le permita dejar salir las frustraciones. Quiere un pretexto para reír, para gritar, para pelear, para protestar. Quiere dejar salir el vapor de dentro, para reencontrar su esencia. Quiere que alguien lo ayude a poder sentir de nuevo alegría, esperanza y paz.

Tu marca puede ser esa válvula de escape. Abrir la válvula, puede ser la diferencia. La recompensa: la fidelidad y el amor de tu consumidor.

Podrían creer que una seguidora Puma haya aprovechado la oportunidad de corear los cánticos del América con el pretexto de que era un "México Vs Brasil", ni modo, funcionó como marca válvula. ¡Pero momentánea eh!

Por: Dra. Gabriela de la Riva