El nuevo grupo regional de empresas de investigación especializada en los mercados latinoamericanos e hispanos de Norteamérica.
Para muchos el pasado es algo que busca dejarse donde está, representando lo que ya no queremos ser… pero que pasa cuando eso es realmente lo que necesitamos y anhelamos para sentirnos seguros y en equilibrio.
No hay nada más dramático, vergonzoso y, a la vez, simpático, que ver las fotos de años atrás. Quién no tiene guardada una con los pantalones flojos y doblados en los tobillos, los peinados con flecos esponjados y los mallones con la playera floja característicos de los ochentas.
Cuando vemos ese tipo de fotos agradecemos a nosotros mismos el haber evolucionado y nos jactamos de ser modernos y vanguardistas.
Para otros el pasado representa dolor, un cúmulo de experiencias negativas que a pesar de haber dejado un aprendizaje (ojalá así fuera el caso para todos!), es algo que no se quiere recordar.
Sin embargo, hay momentos en la vida que te hacen sentir vulnerable, inseguro y con ansiedad… eso es lo que está pasando con los mexicanos.
Durante muchos años nos hemos querido asociar a la modernidad y a la vanguardia, buscando sobresalir y destacar a través de cosas materiales, dejando de lado la parte interior.
Recientemente México ha atravesado por problemas políticos, sociales, naturales y económicos (que aunque parece que no están, existen en varios segmentos de la población); acontecimientos que han generado la sensación de pérdida e inseguridad.
Lo anterior, combinado con el estilo de vida actual, en donde el estrés es el "virus" del nuevo milenio y en donde cada vez se hace imposible la convivencia familiar, ha provocado un sentimiento de desprotección.
La modernidad y la vanguardia son atributos que representan "cambio", está en su ADN, lo que desarrolla un proceso de exigencia a las personas que muchas veces es imposible de alcanzar… la imagen, el aprendizaje, la adopción de nueva tecnología…
En los últimos años las marcas han tratado de asociarse a dicha modernidad, ocasionando un fenómeno de mimetización en donde todo parece ser lo mismo: frívolo, individualista, banal y materialista.
Algunos meses atrás, hemos observado que los consumidores buscan elementos esenciales en las marcas, aquello que las distingue y que forma parte de sus orígenes, lo auténtico, sin pretensiones.
Actualmente, más que ver la foto y avergonzarnos, nos estamos dando cuenta de lo todo lo que hemos perdido… lo que se siente, es un gran dolor.
La gente está añorando pasar más tiempo con su familia, comer en su casa tranquilos y con tiempo; los jóvenes buscan padres más autoritarios y guía, las mujeres modernas comienzan a anhelar el ser amas de casa, estar con sus hijos… en fin, un estilo de vida tranquilo, disfrutable, armónico.
Ahora, se espera que las marcas refuercen y retomen los valores humanos, que promuevan ese estilo de vida que ya no existe, pero que ojala algún día podamos recuperar.
Regresar al pasado habiendo aprendido del futuro como aquella foto que ya no queremos ver, pero que ahí esta, enseñándonos hasta donde llegamos… pero al final del día, lo que queremos es… regresar…
Por: David Chimal