El nuevo grupo regional de empresas de investigación especializada en los mercados latinoamericanos e hispanos de Norteamérica.
Hace pocos días, caminando por las calles de Frankfurt, me topé con una boutique muy especial. En medio de las tiendas más sofisticadas de ropa, pieles, joyas, cosméticos y zapatos, imagínense una muy atractiva vitrina, perfectamente ambientada con un estilo minimalista -muy ad hoc al gusto de los nuevos DINKS y adultos jóvenes solteros-, en la que predomina el color púrpura de la próxima temporada. A pesar del frío, la terraza veraniega de la entrada está repleta de jóvenes atractivos, que trabajan en su pc VAIO, juegan con su último PSP, escuchan su I-POD, consultan su I-PHONE, o platican animadamente con amigos: seguramente de la situación de la bolsa, del último partido de fútbol, la dieta orgánica, o la novedad del último sobrino de la familia. Todos toman café.
La tienda ofrece una mezcla interesante de elegancia, al estilo de la más sofisticada tienda de Armani, combinado con la juventud, sensualidad y aroma del Starbucks más selecto. Igual que en la vitrina, el color predominante en el interior también es púrpura. La oferta central es exclusiva: el café de edición limitada, proveniente de las altas montañas de Papua Nueva Guinea, con ligeros toques de sabor y aroma a ciruela. Hay algunas tazas exhibidas -con un toque púrpura por supuesto- colocadas estratégicamente en camino a la parte final de la tienda, que es en donde se concentra la mayor parte de la gente, haciendo cola para comprar los repuestos para su cafetera Nespresso.
El espacio, muy amplio; con salitas en el medio, y un bar en donde se piden diferentes tipos de humeante café. También por allí regados, algunos modelos de las cafeteras. No pude dejar de escuchar a una pareja de jóvenes, comparar el lugar con el que ya habían visitado en Montenapoleone en Italia, también en medio de la crema y nata de la moda, la elegancia y el glamour. Lo de hoy, decían, es “tomar el lunch en un Nespresso…”
La imagen, es totalmente novedosa sobre todo para un ama de casa que durante muchos años ha asociado a Nestlé con productos familiares más bien tradicionales, y nunca con la moda y el glamour de nombres como Chanel, Cartier, Paul Smith, Etro, Carolina Herrera.
Cada uno lo puede asociar a historias o vivencias personales que coincidirán en un recuerdo (si es de hace más de 40 años), de reuniones familiares en donde en medio de una buena plática, con tiempo y con calma, se degustaba comparando las diferencias entre el sabor “de altura” vrs. el “de costa”, o paladeando el resultado de los diferentes tipos de tostado o molido. Los abuelos consideraban una “enorme diferencia” si el café era secado en el patio especial con sol de altura, o “Dios guarde digamos” con una vulgar secadora como las actuales que pueden estar movidas por energía eléctrica, o gasolina.
Hace 50 años era común en las fincas destinadas a su cultivo, la mezcla del olor del café con la caña de azúcar recién cortada, que después de molerla para sacarle el jugo (guarapo) y cocerlo para convertirlo en Panela (Piloncillo), ofrecía su noble bagazo para alimentar las calderas que generaban el calor para secarlo. Los dos cultivos eran complementarios. La caña proveía no solo el combustible para el calor, sino el ingrediente para darle el dulzor que permitía saborear mejor el resultado de esa cosecha especial que hacía sonreír de orgullo y satisfacción a los abuelos.
En esa época el café era un don, una magia, un tesoro, y un estilo de vida. Para prepararse a la prueba final, era obligatoria la visita al almácigo en donde como el secreto mejor guardado y el hijo más preciado, se podían apreciar las nuevas plantitas que garantizaban a futuro la permanencia del negocio de la familia. Ayudar a los mozos a la tapisca de los granos maduros, jugar en el patio mientras se esparcían los granos para secarlos, o husmear por los costales en donde se metería al final la cosecha, era un ritual que hacía que al final, en la tarde, cuando la abuela preparaba la esencia para llenar las tazas humeantes para la familia y los amigos, todos estuviéramos atentos para unir la bebida a la escucha atenta de las pláticas de política, los cuentos de miedo, las bromas, o las historias de la cocineras que siempre nos sorprendían y divertían.
No se en qué momento, el café pasó a ser un producto que ya tomaban solo los viejos, las familias que tenían instantáneo para despertar por las mañanas o los que lo consideraban como una rutina solo por que sí. Ya no se estilaban las cafeterías para tomar un cafecito con pastel o con galletas. Tal vez, solo para algunas tías viudas que disfrutaban hablando del pasado con las amigas. No para jóvenes. Menos para gente “cool”.
Con excepción de algunos países, el negocio mundial del café estaba en franco descenso, los productores en quiebra, y la imagen del producto final en desprestigio.
Surgen entonces, tiendas o nuevas cafeterías como Starbucks, Illy, Cofee Co, que ofrecen a los jóvenes un ambiente y estilo de vida en donde el precio de la taza sube hasta el 500%, y en donde, al igual que la crema, la canela, o el azúcar, se ofrecen mesas y facilidades para acompañarlo de la computadora, del Iphone, de la soledad posterior a un logro, funge como la pareja solidaria al empezar la rutina de la oficina, o combina perfecto como el mejor complemento del vestuario para cualquier cita de trabajo. El café se vuelve moda, ofrece status, identidad, pertenencia, sofisticación, diversión y placer.
Marcas como el café Colombiano, posicionan al país de origen como una relación calidad-sabor muy interesante, además de que otras franquicias y conceptos van actualizando y enseñando a las nuevas generaciones al aprecio por una maravillosa bebida cuyos beneficios otrora olvidados y satanizados, ahora se redescubren, se reinventan y se adaptan a un nuevo estilo de vida, y a las nuevas tendencias de la alimentación.
La historia del café nos ofrece un buen ejemplo de reposicionamiento y de una buena decodificación de las necesidades del mundo joven.
FELICIDADES A NESCAFÉ POR SUS 60 AÑOS. UNA BUENA FORMA DE CELEBRARLO RESULTÓ SU NESPRESSO.
Por: Dra. Gabriela de la Riva